La escena se repite en casi todas las plantas: en una reunión de directorio alguien pregunta por qué no hay paneles en ese techo enorme, el tema baja como encargo, y a las dos semanas hay tres presupuestos arriba de la mesa que no se pueden comparar. Uno propone 80 kWp, otro 120, y el tercero contesta con preguntas en vez de con un precio.
Lo más probable es que los tres estén bien. El pedido no traía la información que define la respuesta, así que cada uno la completó con su mejor criterio.
Hay cinco cosas que conviene tener resueltas antes de pedir cotizaciones. Están todas del lado de la empresa, no requieren proveedor, y juntarlas lleva más o menos una semana. Con ellas, las propuestas que lleguen van a responder la misma pregunta, y por lo tanto van a ser comparables.
1. Cuándo consumís
Este es el que más pesa y el que peor se comunica.
El consumo anual en kWh lo tiene todo el mundo a mano, pero por sí solo no alcanza para dimensionar. Dos plantas con el mismo consumo anual pueden necesitar sistemas distintos según en qué franja horaria lo gastan. Una que trabaja de 8 a 18 tiene coincidencia casi perfecta con la generación solar. Una que trabaja en tres turnos tiene una base nocturna que el fotovoltaico no toca, salvo que se agregue almacenamiento, y con eso otro presupuesto.
Los casos que más análisis piden son los que consumen en los bordes del día. Un tambo con dos ordeñes, uno temprano y otro a la tarde, tiene los dos picos justo donde la generación es baja. En el papel el consumo anual da atractivo; cruzado contra la curva de irradiancia, la conclusión cambia bastante, y el diseño correcto también.
Qué juntar: doce meses de facturas. Si el suministro tiene medidor con registro horario y podés pedir el archivo de curva de carga a la distribuidora, mejor todavía, aunque no es excluyente: el esquema de turnos y el listado de los equipos de mayor potencia con su horario de operación alcanza para una primera aproximación honesta.
2. Qué estás pagando exactamente
Acá se juega la calidad del cálculo de retorno, y casi siempre en la misma dirección: el ahorro se sobreestima.
Una factura industrial cobra, como mínimo, energía consumida y potencia contratada. El sistema fotovoltaico baja el primer concepto de manera directa. Sobre el segundo, el efecto es mucho más chico y a veces nulo: si el pico de demanda de la planta ocurre a las 7 de la mañana de un día de invierno, la solar no lo va a recortar, y el cargo por potencia queda igual. Si además hay discriminación horaria, importa en qué banda cae la generación.
El atajo a evitar: tomar el total de la factura, dividirlo por los kWh y usar ese cociente como precio de la energía. Ese número incluye cargos fijos, potencia e impuestos que el sistema no desplaza, y el retorno que sale de ahí es sistemáticamente optimista. De cómo desarmar la factura hablamos en detalle en otra nota.
3. Cuánta superficie hay de verdad
Un galpón de 2.000 m² no tiene 2.000 m² utilizables. Se descuentan extractores, lucernarios, conductos, equipos de aire, torres de enfriamiento, pasillos de mantenimiento, retiros de borde y cualquier sombra proyectada, propia o del vecino.
Después cambia según el montaje. Sobre cubierta inclinada los módulos van coplanares y el aprovechamiento es alto. Sobre cubierta plana con estructura triangular hay que separar filas para que no se sombreen entre sí, y la superficie efectiva cae bastante. En suelo, la separación entre filas manda sobre todo lo demás.
Un detalle que se pasa por alto: la mejor superficie no siempre es el techo. Nos ha pasado de resolver proyectos sobre un carport en la playa de estacionamiento, sobre un reservorio en desuso que ya tenía la base hecha, o en un sector de suelo con anclaje helicoidal que evitó excavación. Vale la pena inventariar el predio completo antes de asumir que la respuesta es la cubierta.
4. Qué estado tiene lo que va a sostener el sistema
El sistema tiene 25 años de vida útil. La membrana asfáltica del techo puede tener diez, y llevar ocho puestos.
Si la cubierta hay que rehacerla en el corto plazo, el costo de desmontar y remontar el sistema es parte del proyecto y conviene ponerlo sobre la mesa desde el principio. Y hay dos verificaciones que ahorran problemas caros cuando se hacen a tiempo: la capacidad estructural, si el montaje es con lastre y la sobrecarga es real, y la garantía de la cubierta, porque bastantes garantías de fabricante de membrana tienen condiciones sobre perforaciones. Son datos que conviene tener antes del diseño, no después.
5. Qué querés que el proyecto resuelva
No está escrito en ningún papel y es el que más define el diseño.
Bajar el costo de la energía lleva a maximizar autoconsumo, y se dimensiona contra la curva diurna. Bajar el cargo por potencia lleva a recortar picos, casi siempre con almacenamiento, y el criterio de dimensionamiento pasa a ser otro. Sostener cargas críticas ante un corte requiere equipos con capacidad de operación aislada y un tablero de esenciales, además de definir qué tiene que seguir funcionando y por cuánto tiempo; un equipo on-grid, por grande que sea, no cumple esa función. Y si el driver es cumplir un requisito de un comprador corporativo, lo que manda es la documentación y la trazabilidad, no el payback.
Un proyecto puede cubrir más de uno, pero no todos con la misma prioridad. Definir el orden es una decisión de la empresa, y conviene que esté por escrito antes de que la tome el diseño por defecto.
Para qué sirve todo esto
Con estos cinco datos, la pregunta deja de ser cuántos paneles entran y pasa a ser qué porcentaje de la demanda conviene cubrir. Que rara vez es el máximo posible: a medida que crece la potencia instalada, una porción creciente de la generación cae fuera de las horas de consumo y se inyecta a la red, donde se remunera bastante menos de lo que cuesta comprar. Hay un punto donde el kWp adicional deja de agregar retorno, y ese punto lo define la curva de consumo, no el espacio disponible. Le dedicamos una nota entera a ese razonamiento.
Tres cosas que pesan menos de lo que parece
La orientación. El norte franco es el óptimo, pero una desviación moderada cuesta pocos puntos porcentuales de generación anual. Las sombras, en cambio, sí son determinantes: una obstrucción sobre un módulo puede penalizar la cadena entera.
La marca del módulo. Dentro del universo de fabricantes con certificación vigente y garantía respaldada, la diferencia de rendimiento es marginal comparada con las decisiones de topología, estructura y dimensionamiento.
La potencia nominal. "Instalamos 100 kWp" no dice nada por sí solo. Dice algo cuántos kWh genera en ese sitio, qué proporción se autoconsume, y contra qué concepto de la factura se compara el ahorro.
La carpeta
- Doce meses de facturas completas, con desglose de energía y potencia
- Curva de carga horaria, si el medidor la registra
- Categoría tarifaria y potencia contratada
- Plano o imagen del predio, con orientación
- Material, antigüedad y estado de la cubierta, y garantía vigente si la hay
- Memoria de cálculo estructural, si existe
- Una línea escrita: qué tiene que resolver el proyecto, en orden de prioridad
Con esa carpeta, cada propuesta que llegue va a poder trabajar sobre el caso real desde el primer día. Y si el relevamiento muestra un escenario complejo (consumo mayormente nocturno, cubierta al final de su vida útil, factura dominada por potencia), eso no cierra el proyecto: cambia el diseño correcto. Almacenamiento, otra superficie, otro alcance. Para eso está la ingeniería.